Lugares de interés
Algunos de nuestros visitantes acaban sintiendo un "amor a segunda o tercera vista" por Kaiserslautern, cuyos “tesoros ocultos” subyugan a muchos otros. Puede que sólo habiéndo recorrido antes la ciudad se llegue a descubrir su verdadera fisonomía. Le invitamos a hacerlo, bien sea por su cuenta o participando, si lo prefiere, en una visita guiada.
La popular exposición de jardines que alberga la ciudad recibe a los visitantes con un gigantesco mar de flores. Dentro de ella, la exposición de dinosaurios más grande de Europa se ha visto ampliada hace poco con piezas de la Era Glacial. En las inmediaciones, el Jardín Japonés -el mayor de su estilo en Europa- le invita a realizar un pequeño viaje por el Extremo Oriente.
Lamentablemente, la ciudad cuenta con pocos edificios históricos, ya que no sólo fueron potencias extranjeras las que destruyeron el Kaiserslautern antiguo, sino también sus propios habitantes y las autoridades locales. En efecto, fue sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la rápida industrialización de la “ciudad de Barbarroja”, así denominada en honor del sobrenombre del emperador Federico I, y no después de la Segunda Guerra Mundial cuando desaparecieron muchos de sus edificios señeros.
El palacio Casimirbau
Integrado en el complejo del ayuntamiento se encuentra el antiguo Palacio de Casimir.
El Palacio de la Fruta (Die Fruchthalle)
Antiguamente, los campesinos de los alrededores de Kaiserslautern y de las regiones más alejadas ofrecían sus productos en un mercado de frutas al aire libre, por lo que el ayuntamiento decidió erigir un edificio que lo acogiera.
El palacio imperial (Kaiserpfalz)
Paneles informativos nos acercan a la historia arquitectónica del antiguo Palacio Imperial (Kaiserpfalz), erigido a partir de 1152 por orden del emperador Federico I, más conocido como Barbarroja.
La colegiata (Stiftskirche)
Esta iglesia -hoy en día parroquia protestante- se considera la basílica más importante del gótico tardío en el Sudoeste de Alemania. Fue construida por monjes premonstratenses enviados a Kaiserslautern por el emperador Federico I Barbarroja.
Baño ritual judío (mikve)
Algo escondido, a la sombra de una gran entidad bancaria, se puede admirar un “miqvé”.